Cuando decir “Yo soy nosotras” cambia todo
“Yo soy nosotras” no es un lema. Es una forma de mirarnos, de sostenernos y de entender que, cuando una mujer atraviesa situaciones de violencia, el impacto nunca es individual: resuena en todas. En Stronger Together, este es el corazón de nuestra Defensa Personal Emancipadora; una defensa que no nace del miedo, sino del vínculo, de la conciencia y del cuidado mutuo. Durante todo este mes, mientras el calendario nos acercaba al 25 de noviembre, hemos recorrido ciudades, provincias y países llevando esta convicción a cada taller, a cada encuentro, a cada cuerpo.
De Sevilla a Ginebra, de Ceuta a Huelva, de Jaén a Cádiz, Madrid, Córdoba (y próximamente, Málaga, Granada, Almería, Tarragona, Cáceres, Badajoz, Gijón… ). Allí hemos compartido espacio con mujeres diversas: mujeres en contextos de prostitución, supervivientes de violencias, mujeres migrantes, mujeres que han sido víctimas de agresiones sexuales o viven situaciones de especial vulnerabilidad. Mujeres distintas, sí. Pero nunca solas.
La defensa personal es también comunidad
La defensa personal puede enseñarse de muchas formas. Pero nuestra experiencia en intervención social, educación, psicología y sexología nos ha mostrado que, para las mujeres, no basta con técnicas físicas. La violencia que enfrentan no es neutra: tiene raíces sociales, económicas, legales, biográficas. Es estructural.
Por eso, cuando decimos “Yo soy nosotras”, nombramos algo esencial: que la seguridad no se construye únicamente desde la fuerza, sino desde la sororidad, la escucha, la confianza y la comprensión profunda de esas violencias. Desde el primer minuto de cada taller, trabajamos para generar un clima amable, seguro y respetuoso; un lugar donde cada mujer pueda reconocerse sin juicio y sin culpa. Allí, los cuerpos se aflojan, las miradas se levantan, la voz aparece. Allí comienza lo que de verdad emancipa.
Cuerpos que sienten, cuerpos que viven, cuerpos que importan
No entrenamos cuerpos para “defenderse”. Entrenamos cuerpos que son: encarnados, vulnerables, relacionales. Nuestra formación en defensa personal feminista se sostiene en un enfoque social, interseccional y sexológico que, aun reconociendo la diversidad de experiencias, sitúa a las mujeres en el centro, no a los fenómenos que les acontecen. Por eso, aunamos la práctica marcial (a través de técnicas sencillas y eficaces) con herramientas emocionales, estrategias de anticipación, manejo del miedo, comprensión del conflicto y de las violencias simbólicas y estructurales que nos atraviesan. Cada técnica, cada movimiento, cada estrategia que se entrena es también una forma de mostrar que el cuerpo es siempre nuestro aliado.
La intervención social como raíz
Stronger Together no es un proyecto nuevo ni improvisado. Es el resultado de años de trabajo en intervención social, en contextos de prostitución, violencia de género, exclusión, migración, menores en riesgo, comunidad LGTBI+, etc. Es una línea que nace de caminar mucho terreno y de acompañar realidades complejas con respeto, ética y rigor.
Por eso insistimos: estos talleres deben ser impartidos por profesionales formados. La defensa personal para grupos que atraviesan o han atravesado situaciones de mayor vulnerabilidad o riesgo exige comprender cómo operan las violencias y cómo impactan en la biografía. Exige saber leer los silencios, cuidar los ritmos, sostener las emociones y no reproducir lógicas que culpan o victimizan.
La defensa personal emancipadora no sólo enseña a defenderse: enseña a existir con dignidad, a nombrar la propia fuerza y a construir comunidad. Porque la técnica es necesaria pero los cuidados son imprescindibles.
Lo más valioso de estos talleres sucede cuando los cuerpos comienzan a ocupar espacio, cuando lo individual se vuelve colectivo, cuando lo vivido permite el encuentro con otras a partir de palabras o gestos. Sucede cuando comprendemos que somos más fuertes juntas.
